Desde de recibir la noticia de que iba a formar parte de Red de libertad iba tachando días en el calendario deseando que llegase el día 10 de marzo para ponerme en camino hacia Ciudad Rodrigo.
Un precioso lugar que ya me ha acogido en varias ocasiones y que se está convirtiendo en mi pueblo adoptivo. Los que no tenemos la suerte de tener un pueblo al que hacer escapadas en verano y de donde venir cargados de historias que contar me entenderán. Siempre me han dado un poco de envidia mis amigas cuando, llegado el periodo estival, se marchaban durante semanas y desde allí me mandaban cartas (sí, por aquel entonces todavía no teníamos móvil ni whastsapp) contándome sus aventuras amorosas, las escapadas al río o las largas noches de fiesta en la verbena. Pero ahora yo también tengo mi pueblo, bueno ciudad (no se me vayan a enfadar los mirobrigenses), donde escaparme y vivir historias fantásticas.
He vivido el regalo de encarnar a la maravillosa Marina, un caramelo de personaje, una muchacha que abandona su pueblo y a su padre para luchar por conseguir ser lo que siempre había soñado (en esto nos parecemos un poquito) a pesar de todas las adversidades propias de su tiempo y de sufrir la Guerra Civil española. Me he convertido en una dama de la alta sociedad del siglo XIX. Ya en nuestro siglo he sido una esposa leal, doctora rural, madre viuda con tres hijas… y ahora me traslado a Metz durante la Segunda Guerra Mundial, formando parte de las Hijas de la Caridad y rescatando a prisioneros de los campos de concentración. Ahí es nada.
La nueva ilusión de este rodaje es que mi personaje tiene mucha continuidad en el tiempo y eso me está permitiendo vivir el rodaje en su plenitud. Ver cómo se van desarrollando los acontecimientos, cómo evolucionan los personajes… y vivirlo en primera persona.
A mí, que no participo en ninguna serie televisiva o trabajo más continuado y que voy picoteando trabajos de aquí para allá, siempre me han dado envidia esas personas que forman parte de un equipo de trabajo y que van cada día a trabajar sabiendo a las personas que se van a encontrar y con las que se va creando una amistad. Quizá sea porque yo soy muy tímida y me lleva un tiempo abrirme a los demás valoro este tipo de cosas.
Y tengo la suerte de decir que yo ya he encontrado mi equipo. Porque da igual si han pasado cuatro meses o una semana desde la última vez que nos vimos; la buena energía, las sonrisas y abrazos sinceros que recibo cuando llego me hacen sentir que formo parte de este lugar.
El comienzo del rodaje fue tranquilo, sereno. Las personas que rodean a Pablo Moreno son un placer en sí mismos. Y punto. Quien tenga el placer de conocerlos saben de lo que hablo.
Mi primera secuencia fue una en la que estábamos una gran parte de las actrices (Assumpta, Bárbara, Ainhoa, Marian, Giulia, Lorena, Marta y una servidora) y eso me ayudó a relajar un poco la tensión. Disfruto enormemente de las secuencias que comparto con mucha gente. Las miradas cómplices que descubrimos en los ensayos, poner en práctica las acciones y reacciones de tu personaje, estar alerta midiendo los tiempos… Jugar en definitiva, pero siempre desde el trabajo y la concentración. Se creó una secuencia llena de vida, una coreografía en la que se iban presentando los distintos personajes.
Fue una bonita manera de comenzar el rodaje. Y lo que queda. Y qué bien.
Me estoy dando cuenta de que este primer escrito se ha convertido más en un conjunto de reflexiones que en una descripción del rodaje, pero como afortunadamente todavía tengo mucho que decir ya iré contando más sobre esta aventura. Hasta la próxima.

A mi también me ha pasado eso de tachar los días para ir a Ciudad Rodrigo y cuando llegue, lo primero que vi es a un equipo maravilloso que se cuidan unos a otros y trabajando duramente en ir sincronizados.
Ha sido fantástico haber compartido escena contigo bajo la dirección de Pablo Moreno, y además de haber estado en producción y dirección.
Ha sido una experiencia preciosa a la que seguramente tienes esa sensación, espero repetir!!! 😊