Hoy, desde el inicio de la primavera y en mi habitación, descargada del estudio que ya he avanzado durante la mañana, quiero reflejar aquí lo que ha sucedido en los últimos días de rodaje.
Rodamos sin mucha orden de continuidad a la historia, aunque Pablo intenta rodar escenas por continuidad de emoción y en la medida de lo posible. Pero en general, debido al presupuesto que tenemos, todos los departamentos tienen un riguroso trabajo diario de continuidad de objetos, maquillaje, peluquería, vestuario…
Gema, de maquillaje, anda con sus flechas y círculos hechos a mano, super claros para ella y para nadie más, y que describen el exacto estado de las caras y pelos de todos. Nacho, de vestuario, tiene su propio sistema en secreto pero la verdad es que no le falla una.
Josemi, el script, o sea, el que guarda la continuidad, está siempre pendiente de lo que se ve y no se ve por cámara y comprueba el sí final de las propuestas que llevamos cada departamento, las tiene todas apuntadas en su Ipad, del que no se despega, y del que nos ha sacado más de una vez de un atolladero a punto de rodar.
Yo ando con mis páginas de guión metidas en carpetas de plástico. Cada página tiene las notas y observaciones que hemos comentado con Pablo, el director.
Todas las secuencias que vamos a rodar en el día las ordeno rigurosamente en la carpeta de plástico, según la orden de rodaje que cada día me entrega María, la ayudante de dirección, al acabar el rodaje.
Llevo al rodaje también dos carpetas más: la segunda, que es en la que pongo las escenas previstas para el día siguiente y otra carpeta con las secuencias más difíciles de texto o de emoción, para irlas repasando en los descansos del rodaje. Casi nunca llego a esa tercera carpeta por el día, pero es mi tabla de salvación en el caso que haya algún momento perdido… como sabéis, en el cine, no se puede perder ni un minuto.
Hay normalmente en la primera carpeta de ocho a diez hojas, que son las escenas con el diálogo subrayado que tenemos a diario. A veces hay más acción pero en otras escenas, hablo mucho.
En una de estas escenas largas de texto que rodamos hace dos días, Sor Helena recuerda bellas cosas de Othon, el huérfano que crió como a un hijo y le intenta animar para que tenga un hijo, o dos…
Para rodar la escena salimos por vez primera al exterior, en un lugar bello, cerca de El Maíllo, en la sierra Béjar, cerca de un río de aguas incontaminadas, lleno de robles y de pinos. Quedaron atrás y echamos en falta a algunos miembros del equipo como la deliciosa sastra María José cuya madre era de El Maíllo, el sitio donde fuimos a rodar. Ella se quedó en Ciudad Rodrigo preparando y cosiendo más trajes… espero que venga con nosotros en Almeida o en Burgos. Es una maravillosa observadora y se fija en los detalles y con precisión en todo. Es un placer estar con ella cada mañana.
Othon lo interpreta Pablo Rodríguez, y la primera escena que teníamos que rodar pasaba dentro de un camión del año 1947, con el que las Hijas de la Caridad repartían sus mantas, comida, y atendían a los prisioneros de los Campos de concentración.
Llegamos al sitio repartidos en coches y ya estaban rodando los pasajes de camión desde un dron. No sé si habéis visto los drones, pero son pequeños helicópteros muy estables que tienen la cámara en el centro, y a la que se puede cambiar de objetivo. El cuerpo del dron tiene forma de araña, que se sostiene estable en el aire a la velocidad deseada.
Los drones pueden volar tan cerca y tan lejos como se quiera, aunque se ha de pedir permiso. Lanzan un sonido peculiar, exactamente como el de un abejorro grande producido por las cuatro hélices. El bicho tiene ojitos rojos cuando le miras de frente y se maneja gracias a un control remoto, como el de cualquier consola.
Una empresa de Madrid (REC) compuesta de dos hermanos, llegaron al Maíllo específicamente para rodar con los drones. Los dos estaban sin mirar al cielo, donde todos mirábamos al bicho, pero ellos no se despegaban de su pantalla para seguir las indicaciones del director y de nuestro operador; y de verdad parecía que todos estaban jugando a un videojuego. Rubén, el cámara, estaba emocionado por las imágenes y precisión del bicho. Y al final, todos nos apelmazamos alrededor de las dos pantallitas para ver las imágenes digitales que producía el dron.
Cuando las cámaras rodaban con película, hubiera costado mucha gasolina, equipo especializado, y nunca hubiéramos visto el resultado inmediato. En la mayoría de los casos, hubiéramos tenido que doblar la secuencia por el ruido del helicóptero que se hubiera mezclado entre nuestras palabras de época. Ahora, se rodaba mucho más sencilla y rápidamente y con el mismo resultado o mejor, porque el dron se desliza entre sitios en los que antes no se podía filmar.
Cuando nos tocó nuestra escena, Pablo Rodríguez y yo estábamos listos en la base donde teníamos el campamento para montar ese otro bicho más grande, el camión verde pintado del 1947. El propietario del camión, vecino de Alba de Tormes, lugar atractivo donde los haya, estaba sentado a mi lado y listo para trasladarme al lugar de rodaje, cuando el motor del camión se quedaba sordo y sin alma al girar la llave que era casi de juguete.
El pobre propietario y su compañero intentaron con todo… gasolina, aire, abrieron el capó dos veces, comprobaron abajo, arriba, en el motor… sudaban los dos pero más el propietario, que le hablaba improperios a su camión diciendo cosas del tipo: “No me hagas esto ahora, ahora no, vaya, precisamente ahora”… María estaba organizando el camino donde rodaríamos a un kilómetro de ahí y Pablo el director miraba con paciencia lo que ocurría mientras yo, sentada en la cabina, le decía cosas bonitas al camión, del género: “Anda, guapo, arranca, uy qué guapo eres”, yo estaba convencida que arrancaría pero creo que era la única.
Pablo y Rubén, con buen tino, estaban a punto de decidir rodar con el otro camión cuando de repente, el camión verde quiso a bien arrancar, no antes que Sor Helena hubiera bendecido al bicho. Fue realmente un acto de fe. A partir de este momento, el camión se portó de maravilla, tan cuidado estaba por su propietario.
Yo estaba alucinada de cómo Pablo Rodríguez, el actor, manejaba ese volante sin dirección asistida, esa primera y segunda que se resistía y ese freno rudimentario que necesitaba de una pista de unos metros para poder frenar correctamente. A mi lado, montaña… y con todo ello a digerir y además, en la segunda toma, ya escuchaba como Othon, a la perfección, conducía como si hubiera conducido ese camión toda su vida.
La primera toma era como un ensayo rodado que para los actores se nos hizo eterno, preocupados estábamos de decir el texto entre el trozo marcado y no caer por la cuneta. Pero la segunda vez, y todas las demás veces, salió el texto fresco gracias a la mirada de este buen compañero que es Pablo, y con el que estoy contenta de ir a rodar, porque inspira “buen rollo”, ya desde maquillaje.
Pablo es un actor que cuando ríe, llora. Curioso, ojalá pudiera hacerlo yo… Así no tendría que usar tristeza, sino alegría para sacar emoción.
Rodamos después una explosión en este camión producida por una mina del 47, en la que figuraba que la mina nos reventaba una rueda. Se hizo en un camino de tierra el tiroteo por los alemanes mientras los soldados franceses que nos acompañaban y Othon reparaban la rueda. En esta explosión fingida, Othon tenía que dar volantazos y Sor Helena iba a izquierda y derecha de la cabina del camión y del plano. Quedamos entre nosotros, que en mitad del texto, habría un PAM!, hecho por una palmada del director a camión parado y cámara puesta.
Pero el director, dijo MINA! Y yo, tonta de mí, entendí MIRA! Y mientras mi compañero Othon daba volantazos solo, yo miraba y miraba delante sin saber adónde. Risas y empezamos de vuelta.
Tuvimos el bicho del dron rodando todo el día otras escenas, apuntando a nuestro camión y paseando su cámara entre las personas que caminaban tristes, expulsadas de sus pueblos franceses, figurantes que eran vecinos de Ciudad Rodrigo, conocidos de Pablo y María, personas que nos acompañaron a comer. Todos los del equipo volvimos con el regalo del maravilloso ocaso con la skyline de Rodriwood, con la sensación de trabajo bien hecho.
Pablo tuvo todavía tiempo para encontrar un lugar sin contaminación lumínica, plagado de estrellas, que seguro aparecieron para él y para iluminarle en el camino…
Llegamos a la productora donde nos esperaba David, nuestro cocinero, que nos hace delicias a medida para los celíacos, para los vegetarianos, para los alérgicos y para mí, que intento cuidarme aunque cuando el cuerpo me pide torreznos, me los como. Me llevaron a El Maíllo y vi esos torreznos… Me los calentó el alcalde, dueño del bar, quien me avisó que la cazuela estaba caliente del microondas, pero asalté al torrezno y me quemé con la cazuela de barro. Vaya, una ampolla que me empezó a salir y que Gema paró con el milagroso toque de un hielo. El dedo estaba perfecto en la mañana siguiente. Menos mal que estaba conmigo.
Estábamos cansados del día, pero contentos del resultado y me dediqué en la cena, a contar historias personales a mi compañero Pablo, Othon en la ficción, y a Gemma la maquilladora, y reímos contando mis barbaridades y en sus ojos vi que mis historias podían entretener, así que he hecho bien en incluirlas como parte de un libro que espero saldrá en 2018.
Al día siguiente, volvimos a un paraje cercano a El Cabaco, conocido por el nombre de Las Cavenes. Rodamos en un bonito bosque de robles que atrezamos con objetos mientras producción ayudó a arte para que no hicieran ruido las hojas y para que pareciera un campo de concentración.
El cuñado de María, Jaico, violinista y profesor de música de profesión, era también actor, soldado y violinista. Interpretó una pieza de unos minutos, con los ojos cerrados, mientras transmitía con la delicadeza de sus manos las emociones que un refugiado podía haber llegado a sentir y que sólo la música nos sabe, con tanta precisión, transmitir.
Como diría Sor Helena, fue un regalo del cielo. Y regalo del director, que supo como inspirarnos a todo el equipo…
La escena se rodó con figurantes vestidos de soldados a los que asistía Wanda, la voluntaria polaca, interpretado por Giulia Charm, actriz con un delicioso acento casi imperceptible ruso y que la reconoceréis cuando la reconozcáis por haberla visto en series. Sor Cecilia, interpretado por la actriz Silvia García, actriz maravillosa que conocía desde la película Poveda, y con la que voy a tener escenas importantes esta semana que ya os contaré… También estaban Sor Helena y el bueno del padre Alfonse, que repartía vino y consuelo entre los soldados veteranos.
Y para acabar la semana, ya de traca final, rodamos el domingo en Ciudad Rodrigo, la calle que representaba París, con la invasión por soldados alemanes apresando a nuestros soldados franceses. Es una de las ocasiones heroicas y rebeldes de Sor Helena, que es defendida por el actor Juan Lombardero, con quien tuve también el placer de trabajar en una escena en interiores. Respetuoso, cortés y gentil con las mujeres de plató, actor de humor y mal genio interpretado, representa con total veracidad a Mr Mimille, un carnicero francés, luchador y patriota.
Uno de los protagonistas de la escena era Carlos Cañas, oficial alemán, actor siempre preparado, concentrado y generoso que te regala con su voz de trueno el poder de su aparato vocal, tan bien preparado para cualquier cosa. Carlos es un actor sensible, técnico y a la vez impulsivo, con el que he tenido el placer de trabajar en talleres de ajuste de su interpretación a la cámara. Es un placer haberle encontrado en un rodaje bonito y sereno.
Como siempre, Pablo planteó la escena a los actores, hicimos un ensayo malo y otro medio bueno y finalmente rodamos con dos cámaras, muchas veces, puestas en el sitio justo. Y lo que se captura en el sitio justo, no tiene pérdida. Pablo dirigió a más de 30 personas sin un grito, con absoluta delicadeza y atención a cada una de ellas.
Además del público que nos visitó, también estuvo con nosotros la profesora de montaje de la Universidad de Salamanca, que había enseñado a Pablo parte de lo que sabe ahora y que le hizo amar su profesión. También nos visitaron los padres de Pablo. Conocí a su madre, mujer bellísima, pero sólo por un momento porque tuvieron que marcharse deprisa, porque era San José y tenían que hacer visitas a padres y familiares y preparar la cena para los que vinieran a visitarles a su restaurante.
Estoy cerca de cosas sencillas, de personas buenas, llenas de paz interior, absolutamente necesaria para preparar el personaje de Sor Helena.
¡Que bien que filmemos en Rodriwood y no en Madrid!
Y parece mentira pero ya llevamos 8 días de rodaje, que se han pasado como si fueran tres o cuatro… Dios mío, ¡tendré que prepararme o voy a sufrir al final del rodaje!
¿Sabéis un secreto? Los actores se preparan para matar a su personaje porque sino sufrimos… Yo me he preparado hoy unas vacaciones en Ibiza, con Scott, al lado del mar, y así me digo que ese regalo de Semana Santa va a hacerme el tránsito de la muerte definitiva de Sor Helena más llevadero….
Pero pronto nos hemos plantado en la segunda semana de rodaje, semana donde María, ayudante de dirección, nos ha preparado el “tour de force”. Nos vamos el miércoles a Portugal a rodar, a la ciudad de Almeida, donde me han prometido bacalao dorado y el sábado nos quedaremos en Burgos para rodar dos días. Convocados están 200 figurantes, cortaremos la plaza del ayuntamiento donde colgaremos las banderas nazis.
Parece que lloverá, con lo que producción está pensando en comprar paraguas para todos y ya les parece hasta bonito rodar esa secuencia con lluvia. Es impresionante como son capaces los de Contracorriente de encontrar soluciones todavía más bellas a problemas fastidiosos que serían para otros. Y es que dicen que de sabios es cimbrear al viento, sin ofrecer demasiada resistencia ni voluntad a lo que no se puede controlar porque son cosas del cielo.
Os seguiré contando mis aventuras de Sor Helena. Prometido.
Assumpta Serna

Un preciosidad Gema. Lo has descrito todo precioso , mientras lo leía ha sido como estar ahí eres una gran profesional y como persona no tengo palabras disfruta tu trabajo te lo mereces besoss
Eres grande Pablo. Muchos éxitos 👍👍👍👍
Me encanta leer sentimientos,vida y deseos de realizar un buen trabajo. Cuánto bien podrá hacer despues esta pelicula?. Hacer un mundo mejor es fascinante. Ahi va incluido el sudor,la entrega de cada dia de muchisimas Hijas de la caridad. Gracias